Goni vuelve a hablar, pero no a recordar

Publicado originalmente en: La Razón / Animal Político, 26 de septiembre de 2026.

Título original del autor: Goni ha invocado a la peste del insomnio.


Es famoso el episodio de Cien años de soledad en el que los habitantes de Macondo son víctimas de la enfermedad del insomnio, cuya última consecuencia es el olvido. Al principio la ven como ventaja: nadie necesita dormir y todos tienen más tiempo para trabajar. Con el paso de los días comienzan a perder la memoria: olvidan el nombre de las cosas, sus relaciones, su historia. Llega el punto en el que deben poner etiquetas a los objetos con su nombre y su función. De aquella peste me interesa recordar su última consecuencia: el olvido.

Esta semana hemos visto circular un comunicado llamado “Bolivia necesita la unidad del MNR”, escrito desde Washington por Gonzalo Sánchez de Lozada. Varios medios han hablado de su reaparición, lo publican como comunicado solicitado o en la sección de avisos: Goni escribe una carta y una parte de la prensa le da espacio para hablar en primera persona.

Es importante hoy no caer en la peste del insomnio y no olvidar quién es ese que habla. En 2003, durante las protestas de septiembre y octubre, murieron 67 personas y hubo más de 400 heridos: existe documentación de soldados disparando contra multitudes desarmadas. Goni renunció el 17 de octubre y huyó del país poco después, bien recuerdo la imagen de su avión partiendo, en el noticiero de la tarde. En 2018, un jurado federal de EEUU determinó que Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín son responsables de las vidas de 8 de esas víctimas civiles y ordenó una indemnización de diez millones de dólares a sus familiares. A pesar de las apelaciones, ese veredicto sigue vigente.

Las palabras nunca llegan solas. A un sacerdote los fieles le creen solo por el hecho de su investidura; a un profesor sus alumnos le hacen caso por su cargo. ¿Qué pasa cuando alguien con esta historia nos habla? Goni afirma que la unidad es la salida para resolver los problemas sin violencia, pero esa frase carga con los cuerpos de Octubre Negro. Él quiere que lo leamos como un demócrata sincero, olvidando el ethos desde el que escribe.

En la carta nos recuerda la Guerra del Chaco, afirma que las ideas que originaron el MNR se forjaron en las trincheras, con sangre derramada que no distingue raza, religión, región ni dinero. La lección que queda es que “la realidad de las trincheras fue más fuerte que las ideologías”, y a partir de ella, Goni contrapone dos cosas: la realidad, que aparece monstruosa, dura y objetiva, y la ideología, que enturbia la razón y es subjetiva. Por supuesto que el MNR aparece del lado de la realidad.

De ahí hace un salto de casi un siglo y encuentra otra realidad monstruosa en el presente: crisis económica e institucional, pobreza, narcotráfico, crimen organizado y “rivalidades étnicas y regionales”. De la guerra que hizo necesario al MNR, el discurso pasa a una crisis actual que vuelve a necesitarlo. Goni, así, construye la imagen de un país al borde del abismo, necesitado de un héroe.

La carta afirma que el MNR “fue, y debería volver a ser” parte sustancial del sistema de partidos, que debe ocupar el lugar que le ha señalado la historia y termina con un llamado claro: “Hoy nuestro país nos necesita. Y el MNR tiene la obligación de escuchar ese llamado”. Es la retórica de un retorno mesiánico: ante la crisis, se recuerda una edad dorada, se identifica quién es capaz de salvarnos y se lo llama a la acción. El MNR aparece como el único capaz de responder a la realidad como es debido.

Para construir esa imagen, Goni escribe que el partido siempre ha interpretado la realidad nacional “lo más fielmente posible, sin radicalismos dogmáticos que ensombrecen el razonamiento”. Y ofrece pruebas históricas de ello: “Lo hicimos en 1952, en 1985 y en 1993”. Ahí termina la lista: falta 2002, cuando Sánchez de Lozada volvió a la Presidencia; falta 2003; falta la huida del país. Octubre Negro no aparece en esa cronología que sería la prueba de que el MNR enfrentó las crisis con “realismo, unidad y desprendimiento”. El mismo discurso que apela a la historia como argumento, omite el relato de su último gobierno.

Esta carta tiene la intención de editar la memoria histórica, de recortar lo que no le conviene recordar. Menciona a la sangre derramada en el Chaco como un fundamento para el MNR, pero guarda silencio sobre la sangre derramada durante su propio gobierno para hablar con preocupación de la violencia del presente. Goni vuelve y quiere presentarse como portavoz de una salida pacífica.

El poder siempre busca hacer que su ideología cuaje como sentido común en la mente de la población. Por ello la carta de Goni opone realidad e ideología, y pone a su partido como la carta máxima del realismo. Sus decisiones aparecen como la respuesta más lógica para los hechos y las posiciones contrarias como un exceso de la ideología. No lo dice, pero lo insinúa: en su mente, las muertes de 2003 han sido la respuesta acertada a la realidad y cualquier posición contraria es un adoctrinamiento ideológico.

Claro que la reaparición de Goni merece atención mediática. Es criterio periodístico el informar que un expresidente ha emitido un comunicado. Pero llamo la atención sobre una decisión editorial de casi todos los medios: reproducir íntegramente su voz política bajo el formato solicitado por él. La carta nos llega a los lectores intacta, con el relato de 2003 omitido, con el peso de la responsabilidad judicial silenciado. Entiendo que el deber principal de la prensa es informar, sin embargo, me parece peligroso que tanta prensa participe callada en esta clase de reescritura de la historia.

Hoy en día vemos que ya se ha instalado en una parte de la población la narrativa de que la memoria de Octubre Negro es un invento de la izquierda y que las personas que murieron no fueron víctimas, sino terroristas. Con la peste del insomnio, el olvido llega de a poco y así nos está llegando: una omisión aquí, un eufemismo por allá, una cronología incompleta, la voz de un asesino (que debe pagar indemnizaciones por orden judicial) buscando volver a ser voz de autoridad.

Como en Macondo, donde los habitantes escriben los nombres de las cosas para no olvidarlas, tal vez nosotros igual tengamos que escribir notas y colarlas en todo lado: Octubre Negro, 67 muertos, más de 400 heridos. El desafío es no dejar que nos editen la historia a su gusto. Goni ha invocado la peste del insomnio. Ha vuelto a contar la historia seleccionando qué contar y qué callar. Si nos dormimos ahora, vamos a acabar como en Macondo, olvidando el significado de las cosas que nos rodean.


Publicado originalmente en La Razón / Animal Político, 26 de septiembre de 2026.